Elena se quedó inmóvil cerca del ascensor. El tiempo parecía avanzar más despacio, mientras el pecho todavía le latía con fuerza por el impacto de haber escuchado esa conversación.
Al fondo del pasillo, los tres hombres de traje seguían frente a Diego. Uno de ellos negó con la cabeza.
—El hecho es simple, Diego —dijo el hombre, con una voz tranquila pero impositiva—. Reconocer a esa mujer como hija de Arturo solo va a desestabilizar la empresa. Es complicado.
Diego no retrocedió ni un milíme