La noche no trajo descanso. Violeta se despertó sudando frío, con la sensación de que alguien había estado observándola mientras dormía. Desde que había bebido el Juramento Ámbar, su cuerpo reaccionaba distinto a los susurros de la magia: los sonidos eran más agudos, las miradas más pesadas, y los pensamientos más difíciles de ocultar, incluso de sí misma.
No tardó en llegar el mensaje.
Un sobre de terciopelo negro apareció en su escritorio antes del amanecer. Dentro, un solo nombre.
Altair.
El