La mañana siguiente no trajo luz, sino un cielo gris y silencioso que parecía pesar sobre el castillo de Theros como una manta húmeda de plomo. El rumor se esparció primero entre los sirvientes: Lord Esthian de Braventon había desaparecido sin dejar rastro. Su habitación intacta, su cama tendida, sus botas a los pies del armario. Nada más. Como si se hubiera desvanecido.
Leonard fue informado durante el desayuno. Soltó la copa con lentitud y se llevó una mano al mentón.
—¿Desaparecido? ¿Sin tes