El viento del atardecer traía consigo un aroma terroso, mezclado con la humedad de los pantanos cercanos. Violeta cabalgaba con el rostro cubierto por una capa oscura, la insignia de plata de su madre colgando como un presagio sobre su pecho. Cada paso del caballo parecía conducirla más lejos de su mundo conocido y más cerca del epicentro del secreto.
La reunión tendría lugar en una antigua capilla en ruinas, a medio día de Theros. Nadie la acompañaba. Leonard, aunque reacio, había mantenido su