El eco de los pasos de Lady Violeta Lancaster resonaba suavemente sobre los pasillos de mármol. El amanecer aún no había teñido por completo los vitrales del corredor, pero la luz tenue que se filtraba bastaba para dibujar su silueta con una delicadeza inquietante. Iba sola, envuelta en el silencio y en la urgencia de alejarse antes de que el sol le pusiera nombre a lo que acababa de ocurrir.
No había hecho nada indebido, se repetía. Solo había cuidado al heredero del trono, como se lo había pe