Capítulo 61: El Sol no pidió permiso

El amanecer se filtraba sin vergüenza por los altos ventanales de la habitación del príncipe heredero. La luz entraba dorada, suave, colándose entre los pesados cortinajes que alguien —Emma, en otro acto de desafío— había abierto durante la noche. El aire estaba tibio, perfumado con lavanda marchita, y los candelabros habían sido extinguidos una hora antes, cuando la última vela se rindió al paso del tiempo.

La habitación no parecía un cuarto real en ese momento.

Parecía una escena congelada. U
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