El crepúsculo comenzaba a descender sobre los jardines del ala sur del palacio. Las sombras se alargaban como dedos silenciosos, extendiéndose sobre los muros de mármol y las fuentes talladas, cubriendo la opulencia con una capa de misterio dorado.
Lady Violeta Lancaster, envuelta en una capa de terciopelo gris perla, caminaba sin rumbo aparente, aunque cada paso la dirigía a un rincón muy específico del castillo. Uno que no aparecía en los planos oficiales, ni en las historias que los criados