La noche había caído sobre Theros con un velo espeso.
El viento soplaba con más fuerza que otras veces, trayendo el perfume lejano del mar y un presagio incierto.
Leonard caminaba entre las sombras de los jardines reales, esquivando el protocolo, esquivando a su guardia, esquivando todo lo que debía ser.
Tenía una sola meta: encontrarla.
Y allí estaba.
Lady Violeta Lancaster.
Caminaba sola por el sendero de piedra que bordeaba los rosales del ala este. Su capa oscura ondeaba con el viento, y su