Los pasos de Violeta resonaban sobre los adoquines como ecos de un corazón en retirada. Caminaba sin rumbo, los jardines ya no eran jardines, los pasillos no eran pasillos. Eran solo fragmentos de un escenario que se desmoronaba a cada paso.
La brisa acariciaba su rostro, pero no traía consuelo.
La conversación con Arabella giraba en su mente como una espina que se clavaba más hondo con cada recuerdo. No por lo que se había dicho, sino por lo que se había callado. La certeza cruel, desenvuelta