La noche avanzaba lenta, como si el tiempo mismo se arrastrara entre los árboles del bosque de cristal. Dentro de la cabaña, la chimenea aún crepitaba con vida, lanzando sombras suaves sobre las paredes de piedra rústica y vigas oscuras. El silencio, por momentos acogedor, se vio interrumpido por el primero de muchos truenos, que estalló a la distancia como un latido furioso del cielo.
Leonard alzó la vista desde su libro. Estaba sentado junto al fuego, envuelto en una manta delgada, con el cab