La mañana amaneció sin nubes, como si el propio cielo hubiera decidido brindar al reino de Theros un espectáculo digno de reyes. Las puertas principales del palacio se abrieron a media mañana, y una larga caravana de carruajes y caballos se preparó frente a la escalinata principal.
Era el día en que el príncipe heredero Leonard de Theros y su prometida, Lady Violeta Lancaster, partirían por una gira oficial por las provincias del reino. Un gesto simbólico, decían. Una muestra de unidad. Un reco