La luz de la mañana entraba suavemente por las ventanas del apartamento de Nueva York, bañando la cocina en un resplandor cálido y dorado. El aroma a café recién hecho se mezclaba con el olor del pan tostado, creando una sensación acogedora que parecía abrazar la habitación. Emma Valmont estaba de pie junto a la estufa, removiendo cuidadosamente un sartén en el que los huevos se cocinaban lentamente. Sus pensamientos estaban divididos entre la rutina matinal y la inquietud que sentía por Leonar