Emma despertó antes del amanecer, con los ojos abiertos de golpe, como si hubiera sido arrastrada a la superficie de un sueño oscuro por una mano invisible. El cuarto estaba sumido en sombras, y sin embargo, sentía que algo más que la oscuridad la rodeaba. Su pecho subía y bajaba con dificultad, y su piel estaba cubierta por una capa de sudor frío, como si una presencia helada hubiese rozado su cuerpo mientras dormía.
No era la primera vez. Esa sensación... ese peso en el ambiente. Como si el a