El viento soplaba con una quietud traicionera en los pasillos del ala oeste, como si el palacio mismo contuviera la respiración ante lo que estaba por revelarse. Violeta Lancaster caminaba lentamente, el eco de sus pasos amortiguado por la gruesa alfombra bordada. La conversación que había presenciado no se le apartaba de la mente: Elian, el hombre que había comenzado a acercarse a ella con una ternura inusual, se había reunido con su madre. Y no habían hablado como desconocidos. No. Había en s