En toda la casa no había ninguna foto de ellos. Camila nunca había preguntado por respeto; sentía que no era su lugar hacerlo, y además sabía que Alexander tampoco se lo diría.
Solo sabía que habían muerto.
Nada más.
Camila levantó la mirada hacia el rostro de Alexander.
Él volvió a mirar la fotografía mientras sus ojos se llenaban de lágrimas otra vez. Intentaba contenerlas, pero le resultaba imposible.
—Los extrañas… —susurró ella.
Alexander tragó saliva.
—Hoy…
Sus labios temb