—Alexander… —lo llamó por su nombre. Él dejó de hablar y la miró—. Primero, nadie se tomará un descanso de nueve meses para cuidar de mí. Las mujeres embarazadas también trabajan, suben escaleras… y además, es demasiado pronto para hacer todos estos planes.
Alexander sonrió y se sentó.
—Está bien, no me quedaré en casa tanto tiempo… pero tú sí tienes que hacerlo.
Camila lo miró fijamente, intentando entender a qué se refería, pero Alexander ya había anticipado su reacción.
—Tienes que c