Alexander Zack, un multimillonario conocido y respetado, estaba sentado en una mesa reservada del clásico Hotel Paige. Vestía un traje impecable y observaba su reloj con calma mientras esperaba a su novia, Renata Devin. Un camarero se acercó con discreción. —Señor, ¿le gustaría hacer su pedido ahora? —Estoy esperando a alguien —respondió Alexander con una leve sonrisa—. Ordenaremos juntos cuando llegue. —Muy bien, señor —asintió el camarero, retirándose con discreción. En el otro extremo del hotel, dos camareras observaban la escena mientras fingían acomodar una mesa. Sus voces eran apenas un murmullo. —Me pregunto quién será la afortunada... —Yo también —respondió la otra, sin apartar la mirada—. Escuché que es el heredero de la famosa propiedad Glammaly. Ambas miraron hacia Alexander, que permanecía sentado con una elegancia natural, completamente fuera del alcance de cualquier fantasía cotidiana. —Es increíblemente guapo... y además rico —suspiró una de ellas—. Si tan solo
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