CAPÍTULO SEÍS.
Paul.
Lo primero que hice al llegar a la empresa fue quitarme el saco. Apenas eran las nueve de la mañana y ya sentía que el saco comenzaba a asfixiarme.
Los empleados que se cruzaban conmigo me saludaban con la misma cortesía de siempre.
—Buenos días, señor White.
—Buenos días.
Respondí con una leve inclinación de cabeza mientras caminaba por el pasillo principal.
Apenas estaba por llegar a mi oficina, una voz conocida me hizo detenerme.
—¡Por fin apareces! Ya estaba pensando que tendría que to