CAPÍTULO CINCO.
Dalana.
Durante el camino hacia mi apartamento no dejé de preguntarme si estaba tomando la decisión correcta.
Acababa de aceptar vivir en el pent-house de un hombre al que apenas conocía. Un hombre reservado, lleno de reglas y con una hija de cinco años que, en menos de diez minutos, ya había conseguido sacarme más de una sonrisa.
No era precisamente el tipo de trabajo que imaginé cuando terminé la universidad.
Sin embargo, necesitaba empezar de nuevo.
Y aquella oportunidad había llegado cuando