82.
ASHER
Me despierto antes de que suene cualquier alarma, como si el cuerpo ya se hubiera acostumbrado a no descansar del todo, a mantenerse en un estado de alerta constante incluso cuando todo está en silencio. Durante unos segundos me quedo quieto, mirando el techo, dejando que la claridad tenue de la mañana empiece a colarse por las cortinas mientras mi mente retoma exactamente donde la dejé anoche, sin pausas, sin descanso, como si nunca se hubiera detenido.
Giro la cabeza apenas hacia un la