41.
ASHER
Cierro la puerta con más fuerza de la necesaria.
El golpe resuena en todo el apartamento, seco, definitivo. Durante unos segundos me quedo ahí, con la mano aún apoyada en la madera, respirando hondo, tratando de controlar el temblor que me recorre por dentro.
—No vuelvas a hacer esto —le dije antes de que cruzara el umbral—. No en mi casa. No con la mujer que amo.
La imagen de mi madre bajando las escaleras con el orgullo herido no me provoca culpa. Me provoca rabia. Porque no vino a pro