10.
MEGAN
La llave me tiembla tanto en la mano que tardo varios segundos en atinarle a la cerradura.
No es el frío.
No es el viento.
Es mi propio cuerpo traicionándome.
La puerta finalmente cede y entro al apartamento como si escapara de algo, cerrándola con el pestillo apenas cruzo el umbral. Me quedo apoyada contra la madera, respirando rápido, sintiendo que si doy un paso más voy a desmoronarme.
El silencio del lugar me envuelve de inmediato.
No hay eco de pasos masculinos.
No hay voces firmes