Valeria
La luz de la mañana se colaba por las cortinas con una suavidad inesperada. Había algo en el aire que olía a nuevo, como si el día supiera que ya nada iba a ser igual. A mi lado, Fernando dormía profundamente, con una de sus manos aferrada a la mía como si, incluso dormido, necesitara saber que seguía allí.
No quise moverme. Lo observé en silencio, dejando que mi pecho se llenara con esa imagen: su rostro relajado, el cabello desordenado, las marcas en su piel que, de alguna forma, tambi