Fernando
La luz que se filtraba por la ventana era suave, de esas que no ciegan, pero te recuerdan que la vida sigue avanzando, incluso si tú te detuviste.
Estaba recostado en la cama, el cuerpo adolorido por la caída, pero más que nada, por la humillación silenciosa que venía después. No era la primera vez que mi cuerpo me traicionaba, pero esta vez había sentido distinto. Más cruel. Más absurdo. Como si justo cuando todo parecía estar funcionando, me recordara que sigo siendo frágil.
Miré el