Lo que había pasado ese día era solo una prueba. Al final no me presentaron, solo querían ver mi reacción. Elisabetta siempre me miraba un poco intrigada, como tramando de saber si estaba tan ida o en shock como decían los demás. Pero lo dejaba pasar.
No hubo aviso, ni preparación previa distinta a la rutina de los últimos dos días. Me despertaron temprano, me bañaron en silencio, me perfumaron con la misma fragancia dulce y empalagosa que ya se había vuelto una marca de este cautiverio. Pero e