97. Supongo que me pasé un poco
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El reloj del hospital seguía marcando el pasar de las horas. El pasillo está en silencio, apenas interrumpido por el zumbido constante de las máquinas de monitoreo. Dentro de la habitación, Nora no se ha movido en horas. Desde que Silas entró en ese cuarto, ella decidió que no se iría hasta verlo abrir los ojos.
Come, duerme y se baña allí mismo, en esa habitación blanca que ya huele a desinfectante y a café recalentado. Las enfermeras intentaron convencerla de descansar, pero es inútil. N