Capitulo 36

Mía Miller

​El silencio que siguió al golpe del mazo del juez fue más ensordecedor que los gritos de la prensa afuera. Me quedé allí, de pie, con las piernas temblando bajo la tela rígida de mi vestido, sintiendo cómo el mundo que había intentado reconstruir se agrietaba bajo mis pies. Alan me sostenía por el codo, su mano era una tenaza de calor y fuerza, pero ni siquiera su presencia podía protegerme del frío glacial que emanaba del estrado.

​El juez el destino tiene un sentido del humor reto
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