Alan
Desperté antes de que el sol terminara de lamer los cristales de la suite presidencial del hotel. El silencio de la madrugada era absoluto, roto únicamente por el rítmico sonido de la respiración de Mía junto a la mía.
Durante años, mi mente había buscado al despertar las líneas frías, la amplitud estéril y el olor a cuero nuevo de mi propio penthouse; un lugar diseñado para no dejar entrar a nadie, una fortaleza de soledad que yo llamaba éxito. Pero hoy, mis ojos se abrieron en un entor