Ayer viví uno de los días más memorables de mi vida...
Después de un relajante tiempo en el baño, salí y lo encontré parado junto a la ventana, contemplando el paisaje urbano que se extendía más allá de los cristales.
—¿Qué estás mirando tan ensimismado? —pregunté, rompiendo su trance.
Max se giró hacia mí con una sonrisa pícara. —Solo pensaba en cómo podría pintar ese horizonte en tu pared —bromeó.
Le pedí a Max que me ayudara a pintar mi habitación, ya que mi padre insiste en que debo asumir