Capítulo 85: Nuestra boda en París.
—Ayúdala—le dije a mi médico de apoyo, quien presionaba su vientre con determinación mientras yo le daba ánimos.
Las contracciones eran cada vez más intensas y evidentes en el rostro de Hanna.
—Ya, puja—le pedía, con voz firme y alentadora.
El anestesiólogo, siempre atento, limpiaba el sudor de su frente, mientras la cabecita de uno de mis preciosos hijos comenzaba a asomarse.
—Una vez más, casi lo tenemos—le susurré, y Hanna se esforzó una vez más en ese empuje decisivo.
Mientras el médico de