Bartolomé tocaba la puerta de la casa de Arturo. El peligro ya había pasado pero quería explicaciones.
Tocaba la puerta reiteradas veces pero no escuchaba respuesta alguna, como si no fueran a abrirle la puerta.
-Gallego, abrime, esto es grave –mencionó Bartolomé.
Seguía tocando la puerta hasta que finalmente, Arturo se dignó y recibió a su vecino.
-Creo que tenemos que hablar –dijo Bartolomé.
-Adelante –respondió Arturo.
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