Flor Pérez
No cabe duda de que sigo siendo una reverenda estúpida, hasta yo misma me siento enojada conmigo. ¿Qué demonios pretendía yendo a su maldita oficina? ¿Qué quería? ¿Por qué demonios pensé que podría contra él?
¡Maldita sea! Yo creía que podría, pero él tiene razón, su maldita familia tiene tanto dinero y conexiones que, en un abrir y cerrar de ojos, podrían quitarme a mis hijos y yo, no podría ni hacerle cosquillas.
Cuando menos lo imagino, estoy sentada en la banca de un parque que es