Flor Pérez
Al llegar al café, Nicolás, quien me sorprende, ya que sigue siendo su chofer, se estaciona e inmediatamente abre mi puerta para bajar, al hacerlo, sin esperar a que Christian baje, comienzo a caminar para entrar en aquel café.
Una vez dentro, camino hacia la mesa más oculta del lugar, el mesero inmediatamente llega y yo solo pido un café americano, es ahí cuando escucho a Christian pedir lo mismo.
Ahora sí, mi martirio comenzaba, el tenerlo cerca, el ver aquellos ojos que por 8 maldi