La tarjeta seguía en la mano de Lucas.
"La próxima vez no miraré desde afuera."
Las palabras parecían pesar más cada segundo.
Valeria estaba de pie junto a la cama de Mateo, observando a su hijo dormir con una mezcla de alivio y miedo que le apretaba el pecho.
Nunca había sentido algo así.
No era solo temor.
Era la sensación de que algo oscuro había cruzado un límite invisible.
Lucas dejó la tarjeta sobre el escritorio del niño y cerró lentamente la ventana.
El aire frío dejó de entrar.
Pero la