Ni bien corta la llamada con su informante, Jerónimo llama a uno de sus empleados y le pide que ponga en funcionamiento su avión privado. No hay tiempo que perder, debe convencer a Lucy antes de que sea demasiado tarde. Y después de varios días de preparativos, finalmente salen de viaje.
Aún no puede creer que Lucy no se lo haya dicho y que haya tenido que enfrentar esta enfermedad sola. En realidad, nunca estuvo sola; tenía a sus grandes amigos, que con amor y lealtad la apoyaron durante años.