Entre la multitud de personas, divisé a Brian y a Miguel, quienes se acercaron a mí con rostros de preocupación. Brian me abrazó con fuerza y depositó un beso en mi frente. Parecía aliviado de verme.
—Alma, qué gusto que estés bien. — Pronunció mi tío al abrazarme.
No lograba emitir ninguna palabra ni enfocar mi mirada en ellos. La adrenalina ya había pasado y llegó a mí un intenso dolor en el tobillo; seguramente me lastimé al saltar de la ventana y no lo había notado.
—Está herida, necesitamo