Gabriel
Ella dudó. Solo un instante fugaz, una micro-pausa en su furia, y para mí fue la señal de luz verde. Aproveché la vacilación como un depredador aprovecha la debilidad del presa. Lento, deliberado, llevé mi mano hasta la parte de atrás de su cabeza. Mis dedos se deslizan con delicadeza entre los mechones de su nuca, acariciando su cuero cabelludo.
Un leve estremecimiento recorre todo su cuerpo.
Sus párpados tiemblan antes de cerrarse durante un segundo y la piel de su cuello se eriza bajo