Gabriel
Aunque esa mujer consiga exasperarme con su empeño por mantenerme a distancia, no tardo ni diez minutos en hacer un par de llamadas. La primera, a un electricista, para que a la mañana siguiente instale la iluminación adecuada en el jardín. La segunda, a un jardinero, para que nivele aquel sendero infernal y, ya de paso, ponga en condiciones el resto del jardín.
Me he dado cuenta que esa mujer me gusta más de lo que al principio estaba dispuesto a admitir y no voy a permitir que se h