ADELA
Cuando termina mi jornada laboral, me obligo a hacer la última parada del día.
El hospital.
Si por mí fuera, estaría ya en mi apartamento, con una ducha caliente y sin pensar en el hombre al que, por culpa de un cúmulo de desastres, debo fingir que quiero.
Pero el señor Kang está ingresado y, de cara a cualquiera que nos observe, una novia preocupada no desaparece durante días.
Así que respiro hondo antes de llamar con los nudillos y entrar en la habitación.
El médico está revisando la hi