HYEON
Cuando sus manos llegan a mis caderas, he de admitir, que mi p*lla da un respingo. Esta situación me gusta demasiado y, como buen hombre de negocios, no la voy a dejar pasar. Cada gesto de fastidio que cruza el rostro de Adela alimenta mi diversión.
—Así…muy bien—suelto cuando Adela me dedica una mirada asesina que le sale inconscientemente y del alma. Esa mirada, en vez de disgustame, hace que mi p*lla se endurezca en los pantalones de hospital, que por cierto, dejan muy poco a la imag