SAMUEL
—¿Quieres regresar? —preguntó Gael, y en su voz había un miedo que no había escuchado nunca.
—Si la policía llega —dije, apretando el volante con tanta fuerza que me dolían los nudillos—, van a encontrar nuestras huellas en ese maldito lugar. Nuestras pertenencias. Nuestras firmas. Todo lo que nos conecta con él.
El silencio se instaló en el coche. Mis amigos intercambiaron miradas que yo solo podía ver en el espejo retrovisor. Lucas estaba pálido, los labios apretados en una línea blanc