SAMUEL
Llevo días en este lugar y ya no sé distinguir el día de la noche. Ensayo, grabo finjo que me importa.
Antonella ha estado acechándome desde que llegamos. Al principio era sutil: una sonrisa desde el otro lado de la sala, una mano que se demoraba en mi hombro al pasar, un "¿necesitas algo?" susurrado demasiado cerca de mi oído. Pero hoy ha decidido dejar las sutilezas.
Es de noche. O eso creo. Ya no sé distinguir el día de la oscuridad en este lugar donde las cortinas siempre están cerra