DAMIAN
Después de hablar con Andrés, dimos el siguiente paso.
Valeria había accedido a casarse conmigo sin luchar y esa victoria me supo a derrota. Porque no quería una muñeca de porcelana. Quería a la mujer que me desafiaba, que me enfrentaba, que me hacía sentir vivo aunque me odiara.
Por eso llamé a Marco. Lo cité en el lugar que solíamos frecuentar en nuestras reuniones cuando éramos amigos.
El lugar no ha cambiado en años: las mismas lámparas de hierro forjado, las mismas mesas de madera o