VALERIA
Seguir fingiendo que nada ha pasado ha sido lo peor.
No solo evitarlo en la cama: el contacto físico se ha vuelto una batalla constante. Damián cada día está más caliente, más necesitado, más insistente. Cambia de humor con una facilidad que me aterra: un momento está dulce, al siguiente sus manos me recorren el cuerpo con una urgencia que me da náuseas. He tenido que inventar excusas cada noche: dolor de cabeza, cansancio, la regla, fiebre. Pero las excusas se agotan y él empieza a mir