SAMUEL
Lucas suspira, hondamente, y se levanta con desgano.
—Definitivamente —dice, ajustándose la camisa— el único que jode tu futuro eres tú. Nadie más. Tú solito, con tus decisiones.
Me sostiene la mirada un segundo, como si quisiera añadir algo más, pero luego niega con la cabeza y sigue a Bastián.
El silencio que dejan es pesado, denso.
Gael se queda. Me observa unos segundos desde su lugar, los brazos cruzados, el rostro impenetrable.
—Dilo —le pido, cansado—. Dime todo lo que piensas. To