SAMUEL
Entro a la pequeña estancia donde mis amigos desayunan. El aroma a café y tocino flotan en el aire, mezclado con sus risas y conversaciones triviales. Me saludan con gestos vagos, ocupados en sus platos, en sus vidas, en su mundo que ya no es el mío.
Apenas los miro. Un saludo cortante, una inclinación de cabeza, y paso de largo hacia el baño. Necesito estar solo. Necesito agua. Necesito ahogar este fuego que me carcome desde anoche.
Cierro la puerta con un golpe seco. El sonido del pest