DAMIAN
Todo está funcionando exactamente como lo hemos planeado.
Frente a mí, en el sofá de cuero negro, está Andrés. Mi amigo, mi confidente. El único que sabe realmente cómo funcionan las cosas en mi cabeza.
—¡Salud, amigo! —dice, levantando su vaso.
Andrés asiente con una sonrisa torcida. Chocamos los vasos y bebemos un sorbo. El whisky quema, pero bien.
—¡Salud por las buenas noticias! —exclama Andrés, celebrando—. Sabía que funcionaría.
—Tu idea fue mejor que la de quedarme preso de mis mi