VALERIA
Casi han pasado tres noches desde aquella fiesta, desde que vi la cara de Samuel romperse frente a mí.
El celular está apagado. El teléfono del departamento está desconectado. No quiero ver los mensajes de Samuel. No quiero leer los de Damián. No quiero enfrentarme a nada que me recuerde que tengo que elegir.
Mi departamento es un desastre. Las cortinas están cerradas, la cama sin tender, platos sucios en el fregadero. Llevo tres días usando la misma sudadera vieja, tres días sin peinar