VALERIA
Intenté soltarme, dar media vuelta. Fue entonces cuando explotó.
Con un movimiento rápido y fuerte, me detuvo del brazo y me atrajo contra su pecho. No fue un abrazo. Fue una captura. Su cuerpo, duro y tenso, se aplastó contra el mío. Una de sus manos se cerró en mi cabello, tirando de mi cabeza hacia atrás hasta que mis ojos se encontraron con los suyos, dos llamas grises en la oscuridad.
—¿Crees que no me atrevo? —gruñe, y su voz es puro fuego—. ¿Crees que no me muero por besar