La reunión en la sala del consejo estaba cargada de una tensión espesa. El mapa de Haro, desplegado sobre la mesa de roble, parecía manchado por los crímenes recientes.
—No es difícil de deducir —intervino un hombre de rostro anguloso y modales bruscos—. Es un pervertido. Abusa de ellas y luego las asesina por vergüenza o para silenciarlas.
La teoría, expuesta con crudeza, resonó en la sala. Varios asintieron con gestos graves. Pero Lean, que había estado examinando los cuerpos en la morgue,